La copa menstrual me tiene maravillada.

No sé quien necesita leer esto pero… Estoy alucinando con la copa menstrual.

La cosa empieza así: desde hace unos años, mis amigas me han estado recomendando usarla y me hablándome de lo bien que funciona y lo cómoda que era, no?

Pues bien, yo me quedaba con la copla y siempre pensaba “Ah, muy guay, pues para la siguiente regla, me compro la copa”. Pero por unas o por otras, siempre me pillaba el toro y nunca era buen momento para comprármela. Así fueron pasando los años y yo seguía sin copa.

Total, que hace unas semanas, hice un post para Instagram en el que hablaba de productos de higiene femenina. Y me topé con los datos que hablan de la cantidad de pasta nos dejamos las personas menstruantes en compresas / tampones a lo largo de nuestra vida fértil (que dura aproximadamente 35 años).

La cifra asciende a 749€ en el caso de compresas y 4,493€ en el caso de tampones.

Se me heló la sangre.

¿Me quieres decir que, para cuando me llegue la menopausia, me habré dejado casi 4500€ en tampones, habré contribuido a contaminar, todavía más, el planeta y encima habré estado gastando dinero que podría haber invertido en otra cosa?

Ah no, por ahí no.

Así que me fui directa a la farmacia. Pim, pam, pum, copa.

Y nada, la probé.

Creo que inconscientemente, andaba un poco preocupada pensando que sería complicada de aplicar (de… introducir?) pero nada, pa´dentro que fue sin problemas.

Cómoda, como si llevase un tampón, nada que reportar en ese aspecto.

Lo fuerte vino cuando pasadas unas horas, me la saqué.

Ehhh… what.

Definitivamente, estoy CERO acostumbrada a ver un fluido propio con tanta… definición. Claro, piensa que durante toda mi vida he usado, o compresas o tampones. Y con este método, al final la sangre siempre es absorbida por un material. No es lo mismo ver un vaso de agua con agua dentro, que ver una toalla empapada en agua, sabes lo que te digo, no? Pues al final, con la tontería, nunca he sido consciente, ni del color de mi sangre, ni de su consistencia, ni de la cantidad.

Y puede que esto que voy a decir a continuación suene asqueroso pero me quedé un buen rato embelesada observando detenidamente mi propia sangre, haciendo girar la copa (como una especie de catador de vino, vaya) para ver qué consistencia tenía.

Es raro porque de repente fui consciente de mi cuerpo, de una manera que nunca antes lo había sido. Como si conectase con una parte de mí que siempre pasa desapercibida, a la que nunca presto demasiada atención, que además me suele resultar hasta molesta.

Esto me hizo verme, no sé si me explico bien. Ser consciente de algunos procesos que pasan por dentro. Poner la atención en mi. En lo que está pasando dentro de mi cuerpo. Supongo que, de alguna manera, es un poco volver a mi.

Vivir desconectada de mi misma es lo que tiene, que las cosas pasan y yo estoy mirando a otro lado.

Y como todo este tema ya me ha hecho sentir muy mística, cada vez que me saco la copa menstrual y voy a tirar la sangre por el retrete, aprovecho para hacer un mini ritual que me explicó en su día mi psicóloga. No es nada aparatoso, sencillamente me imagino que al verter la sangre, me estoy deshaciendo de aquellas cosas que me pesan. Así que tiro de la cadena y bye-bye.

Pues eso, que me habían hablado de las maravillas de la copa menstrual pero no me esperaba para nada que fuese a ser una experiencia tan trascendental.

Es que, en serio,  nadie me lo dijo!

Ahora, te juro que vivo las reglas de otra manera. Puede parecer una tontería pero el saber que voy a estar usando la copa, hace mucho más interesantón todo el proceso.

Así que en serio, si estabas esperando una señal para pillarte la copa menstrual, tómate mis palabras como ello.

Luego ya me contarás.

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