Lo reconozco. Tengo que admitir que dentro de mí se celebra un juicio cada vez que veo que alguien se ha alterado la cara con operaciones (intervenciones?) cuyos motivos son puramente estéticos.
Labios, pómulos, feminización facial, hilos tensores, bbls (brazilian butt lifts), subida de párpados, bichetomías o liftings.
Que, por cierto, ¿sabías que los liftings cada vez se hacen antes? Se ve que hay un número muy alto de demandas entre mujeres treintañeras que demandan los servicios de liftings «preventivos», cuyo precio puede llegar a los $80,000? Yo tampoco lo sabía hasta hace unos días.
Me puedo pasar ratos largos (más largos de los que me gustaría admitir) mirando fotos de «Antes y después» de actrices y actores, cantantes, o influencers que se han sometido a cualquier tipo de alteración estética. ¿Soy la única?
Inconscientemente me monto un juego de «Las Siete Diferencias» entre los antes y los despueses.
Hay veces que los cambios son muy, muy sutiles.
Una subidita de cejas por aquí, un toquecito de inyectable en la mandíbula y … voilà! Tienes La Cara del Momento.
Enhorabuena, cumples con los requisitos de belleza de hoy.
Mañana?
Mañana Dios dirá, que ya sabemos cómo va esto de las modas.
Mañana llegará una nueva tendencia que te hará efecto llamada y te tocará desembolsar los billetS mientras cuentas los minutos para volver a tener La Cara del Momento.
O sea, eso no lo veo sólo yo, no?
Que hay una Cara del Momento, digo.
Veo DEMASIADAS caras similares y a veces me hacen hasta confundirme de persona. Me sorprende que me pase esto porque soy bastante buena con las caras. Tengo memoria visual y las retengo súper bien.
Me acuerdo hasta de caras de gente a la que me gustaría olvidar pero qué se le va a hacer. With great power, comes great responsibility.
Así que cuando he visto seis tías con la misma cara, me salta una alarma.
Pienso «Vaya, qué sorpresa, otra cara igual».
Todas hemos visto el auge de estas operaciones a la par que ha habido un auge en las RRSS. Se han vuelto más asequibles q nunca.
Es una locura.
Nos vemos más. Nos grabamos más. Estamos expuestas a nosotras mismas más que nunca.
Y en todo esto, parto de la base de que «cada una es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera».
Te quieres tatuar un asterisco en el ano? Hazlo.
Te quieres hacer un piercing en el diente? P’alante.
Pero en estos casos, con las operaciones que alteran tu rostro, sí, ese que te viene de fábrica, siempre tengo la duda de si la necesidad de la persona viene realmente de la persona misma.
Y planteo la pregunta del millón : lo está haciendo VERDADERAMENTE porque ella quiere?
A priori parecería que sí pero igual habría que escarbar un poco más hondo y explorar de dónde sale esa necesidad exactamente.
(Spoiler alert, muy probablemente venga de mensajes externos que desde que somos bebés nos repiten una y otra vez que aseguran el éxito es encajar en el canon de belleza del momento. Que nos hace obsesionarnos con hacer absolutamente todo lo que esté en nuestras manos para conseguirlo.)
Porque luego está la paradoja. Si siempre te han insultado porque tienes la nariz de cierta manera, por ejemplo y eso te ha acarreado grandes complejos e inseguridades, sería comprensible que acabases recurriendo a una rinoplastia para conseguir acabar con el foco de tu malestar, no? Lo que luego puede pasar es que te juzguen por haber pasado por quirófano y haberte hecho una rinoplastia.
Nunca.puedes.ganar.
Coño, ¿no me teníais atormentada por mi nariz? ¿Ahora me vais a atormentar por haberme cambiado la nariz?
Y esto se repite infinidad de veces. Se multiplica exponencialmente si encima eres una figura en el ojo público. Allí, ser una mujer significa estar expuesta a comentarios acerca de tu imagen CONSTANTEMENTE. Sea cual sea tu profesión.
Cuando Hilary Clinton estaba haciendo campaña para la presidencia de Estados Unidos, la cantidad de artículos que hacían menciones a su atuendo y su estética eran constantes. De hecho, hasta uno de sus mayores grupos de apoyo en Facebook, “Pantsuit Nation” hacía alusión a su preferencia de usar pantalones a la hora de vestir.
Cualquiera diría que lo de poder convertirse en la primera presidenta de una potencia como EEUU no era tan relevante como el hecho de que llevase falda o pantalón. Cri cri.
Pero volviendo a ese juicio interno que se celebra en mi cabeza cada vez que veo que alguien se ha hecho un retoque estético. Entro en conflicto con el querer que alguien se acepte tal y como es pero también entiendo que la presión es real.
Y no todo el mundo la gestiona igual.
Y no todo el mundo tiene acceso a los mismos recursos, eso por supuesto.
Pero estoy tratando de verlo con empatía. De no ser parte del problema, sino parte de la solución.
🙌🙌 Al final no lo hacemos por nosotras mismas, sino por los demás, somos esclavas de las modas y de la PUTA CARA DEL MOMENTO. No la quiero, gracias :D.
Exacto!
Me quedo con mi cara para bien o para mal, que para algo es *la mía*, sabes?